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Declaración del 10° festival contra el racismo 2013

El racismo continúa arraigado en la sociedad


Desde 1933- 80 años de nacionalsocialismo sin

Adolfo Hitler fue nombrado canciller alemán hace exactamente 80 años. Una amplia mayoría de la población alemana saludo y celebró su política de racismo, guerra y discriminación. Con el documental del canal de televisión ZDF, „Nuestros padres, nuestras madres (Unsere Vätter, unsere Mütter)“ del año 2013 se presenta un relato de la época nazi en el cuál se excluye la fascinación de los jóvenes de los años 30 y 40 por la violencia y el racismo. Se intenta crear la imagen de que los Nazis fueron siempre otros- figuras oscuras, que secuestraron un estado demócratico y obligaron a sus ciudadanxs decorosxs a marchar a la Guerra. Esta posición puede hacer el pasado más soportable, pero oculta una verdad incómoda: el racismo y la discriminación fueron y siguen siendo muy populares.

Desde 1993- 20 años sin un verdadero Derecho a Asilo

Por ejemplo en los primeros años luego de la reunificación alemana: como consecuencia de un nacionalismo excesivo y de campañas contra la „extranjerización“ y contra la „estafa del asilo“ por parte de los medios y de la clase política se cometieron incontables ataques contra albergues para asilados políticos y contra viviendas de antiguos trabajadores extranjeros, que resultaron en lesiones y muertes. Sólo luego de la tachadura del derecho fundamental al asilo político de la constitución cómo concesión a la ira racista, es que el estado y la sociedad civil reaccionaron contra la escalada violenta. Con el llamado “acuerdo sobre el asilo” se le añadieron a la frase “los perseguidos políticos gozan de derecho al asilo“ nada menos que 271 palabras constrictivas. Alemania se comenzaba a cerrar luego del final de la Guerra fría. Esta vez las razones no eran públicamente racistas, sino que se escogieron argumentos de carácter económico como justificación. Los perseguidos políticos fueron llamados „asilados económicos“. Aunque puede „aplicar“ al asilo político, ya no pueden contar con un derecho básico al mismo. Las consecuencias de la anulación del derecho humano al asilo político son medidas impuestas por el estado: la expulsión y la prisión precedente, la imposibilidad de salir del campo de asilados, y los campos de isolación. La busqueda de una vida más segura es considerada un crimen. Los asilados políticos no pueden acceder a un trabajo, reciben provisiones en la mayoría de los casos en especias, y son mantenidos en instalaciones similares a cárceles. Al mismo tiempo son excluidos sistematicamente del resto de la población por medio de una burocracia cuya principal función es demostrarles que no fueron perseguidos „lo suficiente“ cómo para poder recibir el derecho al refugio. El éxito de esta burocracia, y de las instituciones responsables de los refugiados en la República Federal Alemana (RFA) es medido no en la cantidad de personas salvadas, sino en la cantidad de deportaciones existosas.

2013- Fortalecimiento de las protestas de refugiados 2013

Desde el año pasado se reportan cada vez más casos de refugiados que se resisten a ser obligados a jugar a este rol del limosnero apresado. Sin embargo, su voz es escuchada sólo luego de grandes esfuerzos; la policía disolvió, por ejemplo, de manera violenta los campos de protesta en las ciudades de Berlín y Viena. Mientra miles protestan en Berlín por el derecho al libre movimiento fuera de los campos de refugiados, el Ministro del Interior alemán exige „Medidas contra el mal uso del derecho al asilo“. Y el mismo día que el gobierno federal devela un monumento en memoria a los gitanos asesinados por el regimen nazi, se expresan advertencias sobre „la migración de la pobreza“ desde europa del este por parte del Ministro del Interior, quién también propone nuevas leyes especiales de migración. Èstas restringirían la migración de gitanos que hoy en día son víctimas de persecuciones y exclusiones en sus países de origen. Veinte años después la clase política continúa utilizando su cantaleta populista. El racismo se disfraza en la actualidad con el traje de ideología económica y de esta forma llega incluso a nuestro actuar y pensar diario, y a su vez no es reconocido por la amplía mayoría de la población. El décimo festival contre le racisme desea hacer hincapié en este contexto. Este festival se organiza en diferentes ciudades de manera decentralizada y ofrece con una amplia gama de actividades una plataforma para la discusión y tematización de todas las formas del racismo.

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